lunes, enero 16, 2006

!Paren al mundo, quiero bajarme!


Este título de película gringa vieja pareciera ser  en la actualidad el grito desesperado de todo terrícola bienintencionado que no encuentra explicación en la conducta antisocial de su prójimo y trata de no perder el humor ante tanta desgracia.
“El hombre ha vivido, vive y vivirá siempre en sociedad” según afirman teorías griegas aristotélicas fruto de profundas reflexiones y de probado acierto, pero, surge inevitable la pregunta:
¿Por qué todavía no logra el ser humano la armonía plena en la convivencia con sus semejantes?
Mal principio tuvo la humanidad desde su origen pues según narra la Biblia, en los originales tiempos, de buenas a primeras; Caín con un fuerte quijadazo de burro terminó con la cuarta parte de la humanidad.
Ni el grado primario de consanguineidad de su hermano Abel le inhibió su afán asesino.
A partir de eso y con el estigma alcahuete de que “el hombre desde que nace viene con pecado” toda tropelía magna o mínima encuentra cínico justificante para cejar en la perfección de convivencia social.
De las conquistas a fuerza bruta de los bárbaros antiguos a los de hoy día, no es “Busha” la diferencia. Las 27,000 bombas nucleares que en conjunto poseen los países “adelantados” y que esperan entrar en acción, hacen ver a Gengis Kan y Atila como asesinos poquiteros.
Las naciones sin bombas no son menos conflictivas. México, de fama pacifista internacional, en lo interno practica el “hara kiri” con su consiguiente desangramiento voluntario.
La intención de reestablecer  el estado de derecho social resulta contraproducente la mayoría de las veces. Históricamente el gran fracaso de ese tipo se presentó durante el régimen lopezportillista  y su “Operación Cóndor” de inteligencia militar.
Se trató de eliminar el cubil o nido de narcotraficantes de Culiacán Sinaloa. El nefasto logro fue a corto y largo plazo.
Como inmediato resultado, fue que a partir de ese 1977 el fraccionamiento exclusivo “Jardines de San Javier” de Guadalajara  pareciera un trasplante del gang criminal  íntegro de la ciudad culiche a ese tapatío sitio.
La consecuencia mediata fue más grave. El narco producto no exportable se abarató y tuvo que ser consumido por los mexicanos que con ímpetu admirable adquirieron el vicio de consumir enervantes antes lejanos. A largo plazo, el país se llenó de narco viciosos pobretones con su cauda de ilícitos cometidos por quienes a toda costa tienen que costear su dependencia.
Antes, gringos vecinos viciosos por hartazgo de satisfactores materiales.
Hoy, mexicanos viciosos, jodidos y con carencia de económicos satisfactores.

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