martes, febrero 14, 2006

Mini tornado presidencial sumamente dañino para el país.

El puerco más flaco es el que destruye siempre el chiquero. Tal frase chusca de porcicultor experto pudiera adaptarse con su pulimento respectivo a quienes residiendo en Los Pinos han perdido piso y terminan derrapando con consecuencias dañinas al sistema socio político mexicano.
Y no es animadversión contra la humanidad magra personal de quien hace y deshace contra la patria, pero no deja de ser chusco que con tan pocos kilos de peso, de estatura y contorno tan minimizadazos en su ser, estremezca impunemente  -al amparo del poder político presidencial plus ultra-  estructuras legales y sociales del México actual.
Dar “manga ancha” a los consanguíneos directos para que con patente de corso y amparados en su tráfico de influencias, se enriquezcan escandalosa y criminalmente no les causa preocupación alguna. La impunidad plena los absolverá finalmente.
La parafernalia de los viajes al exterior con el increíble gasto enorme propio del boato respectivo, parece ser la principal muestra de complejo de superioridad a presumir en quien asume plenamente las riendas del poder Ejecutivo.
Destinar los servicios del Estado Mayor Presidencial para protección de familiares de hasta  quinto grado, que al amparo del poder supremo usan y abusan de tan selecta servidumbre; alimenta su ego inflamado de megalomanía que fácilmente resulta más grande que su presencia física.
El protagonismo de sordidez innata propio de quien siente ejercer el poder político omnímodo en una nación adormilada y manipulable; proyecta  al exterior una imagen de país sumamente incivilizado y atrasado.
Mundo incrédulo que ve como aún predomina el sistema político Tlatoani. El del que habla o el que manda. El de cabeza del imperio que impone al final su decisión.
El México democrático con habitantes políticamente analíticos, ilustrados y exigentes todavía no llega, de ahí que permanezca a lo largo y ancho del país, todavía el caos en lo referente a justicia social y equidad económica.
“Las democracias de baja intensidad son frágiles, no soportan la participación plural y tienden al autoritarismo. En cambio las democracias intensas, con instituciones robustas y legítimas, saludan y propician la más amplia y diversa autogestión, pues las consolida”.
Pobre México nuestro, tan grande, grande, y tan dañado por gente pequeña, pequeña tirando a talla mínima de persona enjuta.
Toca al lector identificar según su preferencia a un Carlos Salinas o a una Martita de Fox, nuestra actual mandamás ejecutiva.

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