jueves, marzo 13, 2008

De nuestro héroe en declive...

Las rígidas butacas de la sala de espera, se saturan de familiares a la espera del parte médico actualizado, que informe sobre el trance evolutivo del querido paciente hospitalizado. En ese transcurrir lentísimo de horas, Ignacio Rivera Cervantes anota en un cuaderno:
“El genial escritor francés Víctor Hugo, describe al final de su magistral obra “Los Miserables” el dramático ocaso de Jean Valjean el héroe novelado, que de ser un joven con fuerza descomunal -capaz de levantar una pesada carreta para salvar a su amigo sofocado por la misma- sufre un declive tan abrumante, que al final, no es capaz de vencer la fuerza de la gravedad, levantando su pluma caída al suelo mientras escribía.
Las ideas asociadas son inevitables, pues como dice Vargas Llosa: “Basta con cerrar los ojos” para que la memoria nos devuelva, “intactas, preservadas con fuego y nostalgia, imágenes que nos exaltaron, excitaron, indignaron o entristecieron”.
El fraterno paciente en Terapia Intensiva del centro hospitalario ISSSTE de Ensenada en Baja California, hizo rememorar hechos protagonizados por muchachos nayaritas en el Compostela de los años cincuentas.
El primogénito de la familia Rivera Cervantes, era para el resto de sus hermanos, su héroe fraterno y lo veíamos en los hechos, como capaz de salvarnos de peligros reales o imaginarios. Levantar las pesas de cemento hechas por él mismo y con las que se ejercitaba cotidianamente, era punto menos que imposible para los más chicos.
Al ser comisionado por nuestro papá José N. Rivera en el negocio familiar o surtida tienda de pueblo, para ir de Compostela a Jala e Ixtlán a comprar mercancías artesanales diversas; frecuentemente hacíamos las veces de copiloto.
Viajar en la enorme camioneta Studebaker y regresar cargados hasta el tope con sillas rústicas jaleñas, metates y molcajetes mexpeños, sillas de montar, chavindas, estribos, herraduras ixtleñas y demás relativos; era toda una odisea bien librada bajo el liderazgo del hermano mayor.
Viajar de Compostela a tales poblados de la geografía nayarita implicaba necesariamente ir por Tepic, pues no existía la vía Compostela-Chapalilla. Los sampedreños improvisaron un camino de terracería para ir los dos poblados y el que iba hacia Chapalilla tenia por puentes en diversas cañadas, dos enormes troncos.
Buscando acortar distancias viajábamos algunas veces por tales caminos improvisados. Al cruzar los peligrosos puentes, habíamos que hacerlo a pie los acompañantes, mientras la camioneta guiada por el conductor lo hacía con sumo cuidado. La imagen de nuestro hermano mayor cruzando arriesgadamente sobre los troncones de un ancho poco mayor que el de las llantas, engrandecía nuestra admiración por él.
El radio alegraba a veces tales viajes, otras no, por perderse la señal o por asociarlo a situaciones de emergencia. Estaba en boga el incipiente rock, íbamos escuchado al estrambótico Ricardito con su no menos: “Lucila, ven conmigo por favor” cuando en ese momento se revienta la banda del radiador estropeando el recorrido. Por fortuna, la inventiva del para ese entonces experto conductor nos hizo salir del paso, pues sustituyendo la banda por una gruesa y bien tensada cuerda permitió llegar al taller mecánico más cercano y agregar una anécdota más al admirado hermano que en cuestiones de improvisado enfermero también nos auxilió.
Aquella vez, íbamos por la entonces arbolada calzada hacia el panteón dos hermanos y el amiguito Gonzalo Medina. Los grandes árboles llamados habas, daban su fruto llamado habillas que los menores usábamos a veces como ruedas para carretitas hechas por mano propia. Al desgajar las compactas habillas, extrajimos algo semejante a nueces. Comerlas y comprobar que no lo eran causó un memorable caso de diarrea colectiva. El acarreo de cursientos corrió a cargo de nuestro soporte infantil llamado José de Jesús Rivera Cervantes y apodado “Chuy”.
El cruel reventamiento de la nostálgica burbuja de añoranzas gratas nos ubica en la realidad de esta Cuaresma 2008. Nuestro querido y admirado hermano “Chuy” se debate entre la vida y la muerte. Un infarto al miocardio lo mantiene postrado y sometido a tratamientos radicales buscando la recuperación y los cinco días transcurridos a la fecha nos han parecido eternos. Sólo la esperanza en el tratamiento médico adecuado y en un milagro divino, fortalecen nuestra fe”.

No hay comentarios.: